miércoles, 6 de marzo de 2013

saxofon magico



Un saxofonista nunca puede dejar de sonreír.  Sus dientes tienen que relucir y sus labios estirarse, de tal manera que el grave sonido del saxofón pueda hacerse melodía.  Hoy me exigí  a sonreír mientras intentaba tocar el saxofón presionando con mis dedos el Sol, nota dela alegría mientras los ojos permanecen cerrados y se olvidan cilmente  de la Realidad.
Toque el saxofón como por arte de magia. Eso es lo que soy, una nueva maga.  No, no es ilusión óptica, ha leído bien, Maga de esas que hacen trucos de magia, con cartas, cuerdas, cauchos y monedas. No tengo sombrero y todavía no saco ningún conejo, pero empecé un nuevo camino, una nueva ilusión que cautive el asombro de los espectadores, como me cautivo Don Mago con sus enseñanzas y también con su tarjeta personal, un billete de un dólar donde sale el, tan sonriente como un saxofonista, como yo, mientras toco el saxofón.

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