martes, 29 de mayo de 2012

cosas que solo pasan en Roma.


Roma tiene su propia esencia: permite encuentros inesperados. Sentía que algo no andaba bien, todavía no había llegado el momento de “esto solo pasa cuando estas en Roma”.
Hoy llego, y llego en el momento en que más lo necesitaba…
Aurora iba caminando con su Ipod, parecía en un muy buen mood, me sonrió,  y siguió hacia la estación del tren. yo  no sabía a qué horas salía, me tranquilizo verla tan calmada,  ella si lo sabia, el próximo  tren estaba seguramente por pasar. Las dos nos equivocamos de binario y nos reencontramos bajando las escaleras.. No tenía tiquete        ( ya esta mañana el que controla me había perdonado la multa) ella traía el suyo en la mano, le pregunte donde lo había comprado porque no traía el mío y no sabía dónde conseguirlo, ella no sabía dónde compostar el suyo… las dos nos montamos con un poco de nervios al tren, los disimulamos conversando sin parar, efectivamente yo hacia mi papel de periodista, muchas preguntas al mismo tiempo que después hicieron el efecto boomerang….
Aurora se bajaba en la próxima estación, todavía quedaban muchos temas por conversar, yo no tenía hora, ni tiempo, ( mi reloj estaba en ceros y tenía 4 horas por delante para hacer lo que quisiera, no tenía llaves de casa y debía esperar a que alguien llegara) decidí bajarme con ella en San Pietro, me dijo que siempre caminaba a casa viendo toda la vista de Roma, sonaba tentador, nos bajamos juntas y me libre además del tiquete del tren.
Termine cenando en su casa, con Alicia, una americana-francesa que vivió casi toda su vida en México pero que ha viajado como nadie siguiendo los pasos de su papa botánico, Giulia canadiense, tipo hipster estudiante de inglés en Italia mientras balbucea unas cuantas palabras de italiano y  Adriana, una argentina, divorciada de 40 años que nos cocinó su especialidad, pollo con papas y ensalada caprese que no puede faltar, junto a un buen vino, que descubrimos era de denominación de origen.
Entre italiano, inglés y español se empiezan a cocinar, a fuego lento nuevas amistades, de esas que brotan de la espontaneidad y que llegan, sin esperarlas,  no son casualidad.

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