Roma tiene
su propia esencia: permite encuentros inesperados. Sentía que algo no andaba
bien, todavía no había llegado el momento de “esto solo pasa cuando estas en
Roma”.
Hoy llego,
y llego en el momento en que más lo necesitaba…
Aurora iba
caminando con su Ipod, parecía en un muy buen mood, me sonrió, y siguió hacia la estación del tren. yo no sabía
a qué horas salía, me tranquilizo verla tan calmada, ella si lo sabia, el próximo tren estaba
seguramente por pasar. Las dos nos equivocamos de binario y nos reencontramos
bajando las escaleras.. No tenía tiquete ( ya esta mañana el que controla me había
perdonado la multa) ella traía el suyo en la mano, le pregunte donde lo había comprado
porque no traía el mío y no sabía dónde conseguirlo, ella no sabía dónde
compostar el suyo… las dos nos montamos con un poco de nervios al tren, los
disimulamos conversando sin parar, efectivamente yo hacia mi papel de
periodista, muchas preguntas al mismo tiempo que después hicieron el efecto
boomerang….
Aurora se
bajaba en la próxima estación, todavía quedaban muchos temas por conversar, yo
no tenía hora, ni tiempo, ( mi reloj estaba en ceros y tenía 4 horas por
delante para hacer lo que quisiera, no tenía llaves de casa y debía esperar a
que alguien llegara) decidí bajarme con ella en San Pietro, me dijo que siempre
caminaba a casa viendo toda la vista de Roma, sonaba tentador, nos bajamos
juntas y me libre además del tiquete del tren.
Termine cenando
en su casa, con Alicia, una americana-francesa que vivió casi toda su vida en México
pero que ha viajado como nadie siguiendo los pasos de su papa botánico, Giulia
canadiense, tipo hipster estudiante de inglés en Italia mientras balbucea unas
cuantas palabras de italiano y Adriana,
una argentina, divorciada de 40 años que nos cocinó su especialidad, pollo con
papas y ensalada caprese que no puede faltar, junto a un buen vino, que
descubrimos era de denominación de origen.
Entre
italiano, inglés y español se empiezan a cocinar, a fuego lento nuevas amistades,
de esas que brotan de la espontaneidad y que llegan, sin esperarlas, no son casualidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario