lunes, 28 de mayo de 2012

la infamitud.



La vida, digámonos la verdad, es infame. Leí esto en una librería romana y, a lo mejor porque sintonizaba con mis sentimientos internos no pude más que, tristemente, aceptarlo como una verdad, la vida es infame. Pero al mismo tiempo un acontecimiento vivido momentos antes contradice un poco la “infamitud” de la vida.
Estaba leyendo en el tren, y antes de bajarme un viejo se me acerca y me pregunta en italiano:
Eres ingeniera?
Me rio y le respondo, jaja que lo hace pensar que soy ingeniera?  Tengo cara de ingeniera?
Y me dice: tienes una mirada inteligente.
Soy periodista, le digo.
-para que periódico escribes?
-todavía no soy periodista, estudio para serlo.
Y me dice, déjame decirte que tienes los dones.
Me quede con este momento grabado, nos separamos después de cruzar rápidamente unas palabras en medio de la confusión del tren que llegaba y partía, nos despedimos como viejos amigos, me invito a un café un poco inseguro, como quien quiere pero no sabe si debería, y yo seguí mi camino sin hacerle mucho caso…ahora me arrepiento  de ese café que pudo ser y no fue, de esa historia detrás de un viejo que, cambia el día de una persona solo por atreverse a expresar lo que piensa, lo que ve a través de una mirada.
Momentos así ponen en duda la “infamitud” de la vida. Quien cree que la vida es infame corre el riesgo de estar convirtiéndose en una persona infame*,  he aquí la verdadera crisis.

* Muy malo y vil en su especie.

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