martes, 20 de noviembre de 2012

raices propias

Echar raíces. Solo saben echarlas quienes las tienen por naturaleza, como los arboles.
Los hombres también echan raíces, aunque hay algunos como el viajero que no saben echarlas, porque creen no tenerlas, o quieren no tener que creer que hay que echar raíces  tarde o temprano.
En el fondo el  viajero sabe que llegará un momento en que habrá que hacerlo,  por ahora prefiere no pensar en ello, ya  tocará, más vale tarde que nunca.
Viajero es así, libre como el viento que mueve las hojas de los arboles, viaja sin raíces, se mueve sin ramas que alimentar.
Aun sin ramas, viajero se expande, se alarga, se desplaza, no tiene punto de partida ni de llegada, no tiene llaves de casa porque no tiene una, no tiene armario porque lo lleva consigo, cargado en hombros.
El sol brilla y lo ilumina igual esté donde esté, bien sea reflejado en un rio o a través de un ventanal,  aun cuando llueve siempre hay un nuevo amanecer.
Echar raíces se repite así mismo el  viajero, a lo mejor llegará un día en que encontraré un lugar en que mis  sueños y mi realidad se hagan uno mismo,   dice pensando en voz alta. Sabe muy dentro de si, que no puede escapar de sí mismo yendo de aquí para allá, su compañía no lo abandonará jamás, sus raíces son su propia identidad.

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